Antecedentes
Las explotaciones agrícolas y ganaderas son las claras protagonistas no solo de la economía de numerosos pueblos y localidades de poca población, sino también de gran parte de la vida social de los mismos, e incluso de los paisajes del entorno.
La desaparición de la población rural terminaría por hacer que desaparezca un sector muy importante para la economía de nuestra región, como es el sector ganadero en régimen extensivo.
Por otro lado, en particular en Coova, la edad de bastantes de los propietarios o gestores de las explotaciones ganaderas socias de la misma, nos indica que en un porcentaje significativo están cerca de la “jubilación”.
Los ganaderos socios de Coova nos hacen llegar en bastantes ocasiones mensajes verbales referidos a la problemática de la falta de continuidad que se vislumbra en sus explotaciones, mensajes que se repiten y subrayan en muchos casos la dificultad de continuidad en la gestión de las mismas, ya sea por personas de un entorno familiar o por conocidos de su localidad o de las proximidades. Bastantes casos son segunda, tercera o cuarta generación en su familia de ganaderos y aseguran no tener visos de que a corto o medio plazo sus explotaciones, el modo de vida suyo y de sus padres y abuelos, puedan seguir subsistiendo.
Si la gestión de la sucesión es complicada por defecto, aún lo es más cuando nos ubicamos en la España rural. Algo tan básico como optar a la formación deseada es la primera barrera disuasoria para quien quiere seguir alimentando sus raíces y, sin embargo, no puede. El problema del relevo generacional en el sector preocupa por partida doble: no solo no hay relevo dentro de la familia, sino en la propia comunidad o entrono cercano.
Según datos recientes del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el porcentaje de titulares de una explotación agrícola o ganadera con menos de 40 años es de tan solo el 8,6%. Una cifra que ponen de manifiesto la falta de profesionales jóvenes que doten de vida y actividad al medio rural, provocando la pérdida de riqueza económica en lo que hoy conocemos como la España Vaciada.
Se prevé que en los próximos diez años cerca de 95.000 ganaderos de la generación del ‘Baby Boom’ se jubilen, lo que supone un reto muy importante.
Los datos de Navarra (y de comunidades limítrofes, como, por ejemplo, La Rioja) hablan de un descenso importante o significativo, tanto en número de explotaciones como en el número de cabezas de ganado. Navarra no es una excepción a una tendencia a nivel nacional de descenso del número de explotaciones y a la despoblación paulatina del medio rural.
Si la gestión de la sucesión es complicada por defecto, aún lo es más cuando nos ubicamos en la España rural. Algo tan básico como optar a la formación deseada es la primera barrera disuasoria para quien quiere seguir alimentando sus raíces y, sin embargo, no puede. El problema del relevo generacional en el sector preocupa por partida doble: no solo no hay relevo dentro de la familia, sino en la propia comunidad.